IMPORTANCIA DE LA RESERVA
La creación de una reserva
en el área de El Pinacate fue imperativa en el sentido de preservar valores
paisajísticos y estéticos únicos en el mundo. También fue de gran importancia
por preservar el rico patrimonio biológico y arqueológico de la región.
El Pinacate se distingue
como un área de excepcional valor geológico. Las formaciones de cenizas
volcánicas y flujos de lava incluyen una amplia variedad de tipos de lava. Los
cráteres del tipo “maar” son únicos en el mundo, por su tamaño profundidad y
belleza. Las arenas del Gran Desierto de Altar forman el desierto de arena más
grande de México, con dunas comparables a las presentes en los desiertos de
Namibia y el Sahara.
En la región de El Pinacate
existen más de 560 especies de plantas vasculares, lo que representa más del
10% de las plantas del estado de Sonora. Esta riqueza en las plantas vasculares
se refleja en la fauna también.
En esta área, existen la
mayoría de los mamíferos del oeste de Norteamérica y muchos de las zonas
tropicales. Esta rica diversidad de especies, aunada a la excepcional riqueza
del medio marino del Golfo de California y los ambientes especiales de playas
continentales y zonas riparias, conjunta un legado biológico y ecológico sin
par.
El área de El Pinacate
contiene un registro arqueológico y antropológico de gran importancia aquí se
encuentran las evidencias de ocupación humana más antigua del continente
americano, con fecha de ocupación que se remontan a más de 40,000 años. Esta
región ha sido catalogada como un “área de patrones arqueológicos frágiles”.
Como tal merece un grado especial de protección.
En esta región hay
evidencias más recientes de ocupación por diversos grupos Hohokam. También hay
registros históricos de uso del área por las gentes O’odham ó “Papagos”. Estos
pobladores recientes aún tienen, en el área del escudo volcánico y sus
alrededores, sitios sagrados de peregrinación.
La reserva es un sitio con
valor universal excepcional, es decir único en el mundo, declarada como área
natural protegida en 1993 y designada como patrimonio natural de la humanidad por
la Unesco en 2013.
En síntesis, la conjunción
de estas características geológicas, biológicas, antropológicas y arqueológicas
conjuntan un paisaje espectacular sin rival y un legado genético-cultural para
la posteridad.

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